martes, 25 de agosto de 2009

Dolor de pies

Conducir parece fácil, todo el mundo sabe conducir, conducir es para tontos... o eso dicen... porque llevo un total de tres horas acumuladas y creo que me voy a morir de la tensión...
Llegas el primer día, te saluda un tío simpatiquillo, un par de firmas por aquí... bla,bla,bla... y te pones en el asiento del conductor. El tío empieza a explicarte cosas, todo es muy coherente, descubres que hay ochenta posiciones de parabrisas, otras treinta de luces... echo en falta el nitroso y los misiles, pero parece que no van de serie... en fin...
Y al cabo de 15 minutos te ves levantando suavemente el embrague (cosa que aún no hago del todo bien) y ¡pluf! estás conduciendo.
Todo va bien, vas recto... el primer resalto lo pasas botando a lo bestia (y ahí aprendes que los resaltos se pasan despacito) y metes segunda (y te pasas en segunda media vida).
Y llegas a tu primer enemigo (¡CHAN CHAN!): LA ROTONDA.
Cuando ves a tus papis conducir, las rotondas te parecen inofensivas, sencillas... incluso graciosas... pero la secuencia de acciones que hay que hacer para tomarlas es hasta risible: frenas, miras a la izquierda (te detienes si hay que ceder el paso), encaras el coche, aceleras un poco, miras única y exclusivamente al retrovisor izquierdo (para que los listos de turno no se empotren contra ti) mientras que con el rabillo del ojo te mantienes en la calzada derecha (esto es imposible), ves que hay un autobús parado, pones intermitente, cambias de carril (no te hace falta mirar el retrovisor porque YA LO VAS HACIENDO, claro), miras al otro retrovisor, intermitente, cambio de carril de nuevo, frenas, encaras el coche para salir y vuelves a acelerar.
Empiezas a tomar veinte millones de rotondas para acostumbrarte, frenas en los resaltos... en los pasos de cebra giras exagerada y estúpidamente la cabeza para que todo el mundo sepa que estás mirando a todos lados...
Y poco después, cuando crees controlar la situación, aprendes a meter tercera... y el caos se apodera de la situación...
No sabes si frenar, si acelerar, soltar embrage, girar, intermitente, mirar el paso de cebra, mirar los retrovisores... ¡Donde han puesto el botón de eyectar!
Ni que decir cabe que no sabes ni que existen marcas viales, claro...
En fin, es más dramático de lo que realmente es... poco a poco las cosas mejoran, tu coordinación deja de ser tan ortopédica... día a día notas una evolución... o eso creo...
Una cosa es segura, los pies te duelen de ir tan tenso con los pedales, sobre todo el derecho.
Pero que nadie se desanime... ¡que conducir está chupado, hombre!
Y aquí me despido, pensando en los pasos de cebra.
Sed felices =)

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